Minirelatos: Tim Schizo
Hola, soy Tim. Os quiero presentar esta nueva sección. Mi sección.
A partir de ahora y con irregularidad visitaré este sitio para contaros mi vida. ¡Adoro hacerlo! Y explicaros mi existencia también.
Bueno, quiero aprovechar esta primera entrada como presentación.
Soy un chico joven. Mis padres me abandonaron a los 6 años porqué no podían hacerse cargo de los costes del psiquiatra. ¡Los odio! Bueno, los quiero. Buff, odio ser bipolar. ¡Me encanta!
En fin, como ya nos conocemos, voy a contaros algo que me ha pasado hoy.
—
Hoy me he enamorado. Cada día me pasa una cosa, y hoy ha sido el amor el que ha inundado mi alma y mi paquete, bua, que amor más grande se me ha puesto.
Ha sido en el médico. Como todas las semanas he acudido a mi rutinaria visita al psiquiatra. Hemos tomado tres cervezas, nada nuevo. Pero lo realmente importante ha ocurrido antes, cuando he llegado al centro médico. Ufff, se me pone la piel de gallina de pensarlo.
He dado tres vueltas a la manzana y no encontraba sitio donde aparcar, empezaba a caer presa de la desesperación. De repente, a la cuarta exploración, una chica alta, con gorra, rastas, riñonera y piel color mugre me ha hecho caer en las garras del amor más profundo y eterno. En un gesto de ilimitado altruismo y amor desbocado, como un baile de cortejo, me ha indicado un sitio libre donde estacionar mi coche. Su brazo, coronado por su dedo índice, se contoneaba sensualmente indicando mi destino. Jamás había sentido algo así, miles de mariposas volaban por mi esófago. La erección ha sido inminente.
Cuando he dejado el coche bien arrimado al bordillo, y en una impecable maniobra, digna respuesta a semejante insinuación, he esperado dentro del habitáculo ordenando mis cd’s mientras la erección disminuía. No quería romper el encanto del momento. Una vez todo en su sitio, más o menos, he abierto la puerta y me he enfrentado a mi porvenir.
Agradable sorpresa la que me he encontrado. ¡Aún quedan personas con saber estar y decencia! La chica, que para ese momento ya era mi diva, mi diosa y la diana de toda mi futura actividad onanista, me ha tendido la mano formando con su palma una cuchara, con un estilo de lo más aristocrático. Yo, como galán y caballero que soy, se la he besado con cariño mientras la reverenciaba, y posteriormente, le he dado mi nombre y apellidos. Me he girado, y la he dejado pasmada y con un aire de incredulidad. Incluso ha dado algún dulce grito ininteligible, probablemente fruto de un orgasmo en seco. Incluso los más desesperados se le acercaban a ofrecerle dinero, pero ella solo tenía voces para mí.
La verdad es que dudo que muchos pretendientes tengan mis modales, no en vano fui criado en la más estricta educación británica-kosovar. Hasta la más elegante y sofisticada de las mujeres quedaría obnubilada ante tamaña muestra de caballerosidad. Evidentemente el amor se olía a kilómetros.
Cuando he vuelto al coche, he encontrado mi retrovisor destrozado y la luna delantera escupida sin piedad, probablemente fruto de la furia de algún transeunte que ha contemplado, estupefacto y envidioso, el encuentro idílico entre dos seres con destino a la felicidad, última parada el amor, mi amada y yo.
Sólo espero el próximo sabado para volver a encontrarla. Sé que estaremos juntos toda la vida, siempre, ella y yo.